Paco F. Frías
pacolaisla@yahoo.es
A ocho días de las elecciones noto en la calle un mayor compromiso social con nuestro democrático deber de acudir a las urnas. No sé, parece como que el personal se ha concienciado debidamente y que en esta ocasión habrá bastante menos abstención que en los últimos comicios; quizás los encuentros televisivos de Zapatero y Rajoy tengan algo que ver en todo este asunto.
En el momento de escribir este artículo sólo se ha celebrado el primero de los dos debates previstos por los líderes de los partidos mayoritarios, por tanto no se lo que ocurrirá en el próximo. Lo que sí se es lo que sucedió el pasado lunes y los porcentajes a favor de Zapatero hablan por si solos. Creo conocer la respuesta de tal paliza: el señor Rajoy no dedicó ni un solo minuto de su belicosa intervención a seducir al electorado con propuestas de futuro atrayentes. Por el contrario, acudió abastecido de un arsenal de misiles en forma de datos mega ininteligibles para la millonaria audiencia, que, francamente, hubiera agradecido mucho más un relato detallado del proyecto que su partido ofrezca. Disponer de casi una hora en los medios y agotarla dedicándose a la descalificación y al insulto, tratando de engatusarnos con el mezquino argumento de la política antiterrorista, cuando todos sabemos que su gobierno negoció con ETA sin éxito, es cuanto menos una actitud indecente. La distinción y la elegancia no solo se manifiestan en los modales y en el vestir, y el lunes pasado quedó claro que el señor Rajoy, en asuntos de debates dialecticos, es un mamarracho.
Por el contrario, la única reprimenda que Zapatero dedicó a su oponente fue recordarle la falta de colaboración prestada por su Partido a lo largo de toda una legislatura, haciendo gala como siempre, de la caballerosidad y exquisitez política que lo caracterizan.
El líder de la oposición vio en el debate la ocasión de desprestigiar a su rival y se equivocó. Para don Mariano los socialistas no han dado una a derechas, -como es natural-, y el listado de reproches se parecía al libro gordo de Petete. No es eso lo que queremos los españoles señor Rajoy; aquí cada cual sabe lo que se puede mejorar, no subestime a sus paisanos. Al ciudadano lo que le interesa saber es que van a hacer ustedes si vuelven a gobernar y de eso no tuvimos información alguna. La que sí tenemos es la de los objetivos conseguidos durante estos cuatro años por sus oponentes y son de nota. En cambio, si en 2004 hubieran ganado ustedes, hay muchas metas que no se hubieran conseguido y no es necesario ser pitonisa para acertarlas; ahí van algunos datos fáciles de confirmar en las hemerotecas correspondientes.
Con el PP España no sería la octava potencia económica del mundo. Nuestras tropas seguirían en Irak. No se hubiera incrementado un 122,5% el presupuesto del Ministerio de Educación y Ciencia. No se hubiera aprobado una Ley de Igualdad. No habría 250.000 becas más. Las familias no recibirían 2.500 euros por el nacimiento de sus hijos. Los homosexuales seguirían avasallados. El Salario Mínimo Interprofesional seguiría sin revalorizarse. Las viudas continuarían cobrando menos de 500 euros al mes. No se hubiera aprobado la Ley de la Dependencia. No tendríamos carnet por puntos y si mil muertos más en las carreteras. El presidente del gobierno no se sometería a control mensual en el Senado No existiría una ayuda Estatal para la emancipación de los jóvenes. Los registradores de la propiedad -como Rajoy, que casualidad-, hubieran sido declarados de utilidad pública…
En fin… Mientras no me convenzan de lo contrario, me da a mí que voy a seguir prefiriendo el suave perfume de una delicada rosa, a los peligrosos picotazos de una banal gaviota que por mucho que lo intente no levanta el vuelo más allá de la cota de un simple barrilete.
Fuente: opinión www.publicacionesdelsur.net