Cádiz

Tatidekai

No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente (Virginia Woolf)

YO SOY MIEMBRA

27/06/2008

Cuentan que hace más de mil años, algunas mujeres de algunas poblaciones de China inventaron una caligrafía de más de 2500 caracteres, incomprensible para el resto de personas y en concreto para los hombres. En la actualidad, solo unas pocas mujeres mayores conocen el "nushu", un lenguaje femenino que se utilizaba para hablar en secreto y que cuando fueron descubiertas, a estas mujeres que hablaban "nushu" se les tachaba de brujas.

No pretendo en absoluto reivindicar ningún lenguaje en femenino, pero me parecía curioso contar brevemente esta historia y la reacción humana (y masculina) ante un lenguaje secreto de mujeres y para mujeres. Las feministas no queremos inventar un lenguaje nuevo, pero cuando aplicamos la perspectiva de género en lo que nos rodea, y en concreto, en las formas del lenguaje, y por ende, en su contenido, detectamos que determinados usos del lenguaje no nos incluye, nos sentimos excluidas.

Los ataques por parte de los medios de comunicación a la palabra "miembra" de la ministra de Igualdad, tiene mucha lecturas, os doy la mía. Defiendo el uso del lenguaje de forma no sexista y parto de la base de que el lenguaje neutro-universal-masculino crea desigualdades, es excluyente y no se ajusta a la realidad.

Las palabras cambian, sufren modificaciones, aparecen nuevas en función de los movimientos sociales, de la aparición de las nuevas tecnologías, etc. Y los intelectuales y académicos, aunque algunos sólo tienen la carrera de Periodismo, deciden qué palabras ingresan y se modifican en la RAE, una entidad donde hay 37 miembros frente a 3 miembras (ánimo compañeras!!, tienen sus reticencias a la apertura al cambio lingüístico. La Academia "tiene como misión principal velar porque los cambios que experimente la Lengua Española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico".

Os traslado lo que ocurrió hace unos años con la ampliación de la definición del término "Género", donde la RAE se vio aislada ideológicamente por la falta de rigor intelectual y metodológico. Chusa Lamarca Lapuente lo comentaba en un artículo:

"Cabría preguntar a los Sres. Académicos con cuántas especialistas en el campo académico de los Estudios de Género cuenta la Comisión de Vocabulario Científico y Técnico de la RAE o, en su defecto, y como recomienda explícitamente la propia Academia antes de tomar sus decisiones, con cuántas personas estudiosas y de reconocida solvencia en el tema que nos ocupa, ha consultado antes de afirmar alegremente que en español no existe tradición de uso de la palabra género nada más que para referirse a género gramatical o al concepto de género entendido como "conjunto de seres establecido en función de características comunes" y "clase o tipo". Resulta, cuando menos, sospechoso que la Academia ignore largos años de trabajos científicos realizados por mujeres".

En estos días he podido leer una infinidad de "estupideces" relacionadas con la palabra "miembra", intentando ridiculizar una de las reivindicaciones feministas, tratando de que el lenguaje no nos exluya a las mujeres. Quizá el término de "miembra" no es el más representativo. Un ejemplo es "empoderamiento", tecnicismo feminista proveniente del inglés (empowerment), que las mujeres y hombres feministas venimos utilizando desde 1985, y que por supuesto, aún no se recoge en nuestro Diccionario. De hecho, esta palabra es un objetivo de las políticas de igualdad a nivel internacional desde hace décadas, pero que nuestros académicos no la han recogido; ni siquiera el archi-experimentado en conflictos armados Pérez- Reverte conoce la labor de empoderamiento que se ha realizado, y sus consecuencias en muchos países en los que ha trabajado como periodista.

Como último apunte, las mujeres en el feminismo, tenemos la virtud de trabajar en red de forma cooperativa, y como mis compañeras latinoamericanas usan la terminología "miembra", yo también la usaré. El fin de la comunicación es que la emisora (en este caso, Bibiana) lleve el mensaje de forma adecuada a los/as receptores/as. Y si nuestra ministra hace referencia a miembros y miembras, las mujeres de esta manera no nos sentiremos excluidas.
Yo soy miembra

http://cadiz.cuadernosciudadanos.net/tatidekai/2008/06/27/yo-soy-miembra/
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