Cádiz

Curso "Lengua, Aprendizaje y Desarrollo"

Módulo I "El lenguaje del cine y su enseñanza: educar en medios"

Educar en medios: educar para las pantallas

21/04/2007

Autor: Víctor Amar
Universidad de Cádiz. Facultad de Ciencias de la Educación. Campus Universitario de Puerto Real. Polígono Río San Pedro, 11510 Puerto Real, Cádiz. Tlfno. (956) 016249. Fax (956) 016253. victor.amar@uca.es
(Recibido Noviembre 2006; aceptado Diciembre 2006).
Biblid (0214-137X (2005) 21; 215-227)

PUBLICADO EN LA REVISTA "TAVIRA" Nº 20 (Facultad de Educación. Universidad de Cádiz. Cádiz)

Resumen
La educación del siglo XXI nos exige estar actualizado. Tal vez, una de las maneras de no quedar obsoleto en nuestro quehacer diario es atender a los diferentes escenarios educativos y, con ello, considerar a los medios de comunicación. Para nuestra actualización proponemos en primer lugar establecer un marco de reflexión en torno a la relevancia de educar en medios, además contribuir al debate con la redacción de un decálogo sobre los medios en la educación. Igualmente, conocer el lenguaje de los medios sería otro aspecto de suma relevancia, así como atender a la formación del profesorado en medios. Cuatro secuencias para atender a los medios en el entramado de la educación.
Palabras claves: Educación en medios; Lenguaje de los medios; Formación del profesorado; La educación en el siglo XXI.

Summary
The 21st century education makes us have our knowledge updated. Perhaps, one way not to become odd in our everyday task consists of attending the different educative scenarios and, in this way, taking into account the mass media. To update our knowledge, we propose, on the first place, establishing a framework for the reflection about the relevance of media education, and also to make a contribution to the debate by creating a decalogue on mass media in education. In the same way, getting to know media language would also be a very important aspect, as well as attending to teachers training on media. Four sequences to attend the media in the educational network.
Key words: Media education, Media language, Teachers training, Education in the 21st century.

Résumé
L’éducation du XXI siècle exige de nous que nous nous mettions à jour. Il se pourrait que l’une des manières de nous actualiser quotidiennement soit d’être attentifs à la diversité de la scène éducative et donc, d’envisager l’apprentissage parles médias. Ainsi, nous proposons dans un premier temps d’établir un cadre de réflexion autour de l’importance d’éduquer par les médias. Dans un second temps, nous proposons de participer au débat en rédigeant un décalogue sur les médias dans l’éducation. D’autre part, connaître le langage des médias, ainsi que s’occuper de la formation des enseignants semblent être deux aspects particulièrement importants. Voici donc quatre séquences pour prendre en compte les médias dans le monde de l’éducation.
Mots-clé: Éducation dans les médias ; Langage des médias ; Formation des enseignants ; L’éducation au XXI siècle.


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“El estudio de los medios de comunicación
está estrechamente relacionado con el impacto
de la ideología en la sociedad. La ideología
alude a la influencia de las ideas en las creencias
y acciones de las personas”
Anthony Giddens

La relevancia de educar en medios pasa por la propia coherencia de educar en la contemporaneidad. A nadie se le escapa la necesidad de convivir con el tiempo en presente; de igual modo, que lo que se persigue con la educación en medios es un gesto de lucidez y permisibilidad que posibilite a la ciudadanía participar de la cultura contemporánea, tal como se presenta y representa a través de los mass media (Bryant y Zillmann, 1966; Wolf, 2000).

“Estamos inmersos en una cultura audiovisual que obliga a las instituciones educativas a reflexionar sobre la validez actual de sus concepciones didácticas y sobre la funcionalidad de sus proyectos” (Quiroz, 1997: 31).

Educar en medios no sólo para ser meros receptores sino, también, para desarrollar la posibilidad de convertirse en emisores; además de fomentar con la educación en medios desde la convivencia, hasta la autonomía del alumnado, pasando por la crítica y la reflexión de lo que se proyecten en las pantallas...

“Una educación en medios no se contenta con el análisis de los textos; propone una reflexión crítica sobre los medios y sobre las relaciones sociales representadas en sus mensajes.
Una educación en medios significa desafiar las representaciones tal como aparecen en los medios” (Morduchowicz, 2003: 44).

Por la mayoría de los espectadores/lectores se admite que el avance de los medios en la cotidianeidad es sumamente relevante. Por ejemplo, los menores pasan, tal vez, el mismo tiempo frente a éstos electrodomésticos que en la escuela y se convierten en niñeras electrónicas; mientras que los adultos acogen a los medios en calidad de huésped alienante. Asimismo, los medios de comunicación de masas, al igual que los nuevos medias, se han erigido como un indiscutible referente de socialización. Con todo, el universo mediático penetra y permanece en la ciudadanía y ha de ocupar y preocupar a la comunidad socioeducativa.

En las pantallas se emiten un sinnúmero de valores y contravalores que, a veces, son contrapuntos a los transmitidos en el seno del aula. No sería pertinente enfrentarse a este agente de socialización, que funciona como agencia (con sus emisiones, merchandising, marketing…), sino que lo más inteligente sería saber utilizarlo en su justa medida y sacarle el máximo provecho. Cada vez que se ilumina una pantalla, quizá, estemos contribuyendo al derrumbe de uno de los muros del aula (McLuhan y Carpenter, 1981) y, de este modo, acerquemos la realidad exterior a la escuela. Con todo, se hace necesario su conocimiento y utilización idónea.

Con el fin de adquirir aquellas imprescindibles competencias educativas para adaptarnos a los tiempos en presente se hace necesario actualizarse y atender a los medios de comunicación con lucidez e idoneidad. En este sentido el pensador uruguayo Mario Kaplún, (1998: 158) apunta “considerar a la comunicación no como un mero instrumento mediático o tecnológico sino ante todo como un componente pedagógico. En tanto interdisciplina y campo de conocimiento, en la “comunicación educativa” así entendida convergen una lectura de la pedagogía desde la comunicación y una lectura de la comunicación desde la pedagogía”.

Con todo ello, pensamos en la emergente cultura del docente de la contemporaneidad que se hace coincidir con la innovación educativa y la necesidad del cambio. Las cosas no son o no se deben enseñar de la misma manera que se hacían tradicionalmente. Es pertinente revisar el modo de enseñar, partiendo de la base de que los “contenidos” son otros, del mismo modo que las formas de aprender son otras, así como los escenarios también se han visto diversificados y, además, que los narratarios igualmente han cambiado, viéndose fascinados por el discurso seductor y persuasivo de la imagen en movimiento. Estamos intentando poner de manifiesto la necesidad de una nueva ética en el profesorado, actualizada e innovadora... Del mismo modo que evidenciamos un nuevo compromiso en el alumnado que se erija como partícipe activo del proceso con los medios (Clark y Salomón, 1986).

Por otro lado, el quehacer creativo no se puede eludir como basamento de lo que entendemos como educar en medios. Ciertamente, la propuesta es la de desenvolver, de la misma manera, las posibilidades activas y creativas del espectador/alumnado. Un modelo de enseñanza-aprendizaje eminentemente práctico e innovador que pretende poner sobre el tapete la consigna de aprender haciendo y sintiendo.

“La institución educativa puede seguir viviendo de espaldas a la realidad social que vivimos, ignorando los medios o haciendo un uso alienador de los mismos, repitiendo idénticos esquemas o utilizándolos indiscriminadamente; o bien puede tender hacia una utilización planificada, crítica y creativa de los “mass media” a partir de una reflexión meditada de los equipos de profesores.
La introducción de los medios audiovisuales y de comunicación en nuestras aulas puede y tiene que ser la punta de lanza que permita esa reflexión seria sobre nuestro modelo de entender y concebir la enseñanza. Los medios ofrecen una privilegiada oportunidad para cambiar y mejorar” (Aguaded, 1996: 16-17).

En este macro contexto que acabamos de abrir, aparece de forma paralela a la de educar en medios la acepción de educar con medios, que podríamos establecer en su triple vertiente de utilización:

• Saber utilizarlo como apoyo (en la clase)
• Saber utilizarlo como lección (de una clase)
• Saber utilizarlo como proceso (por una clase)

Con la intención de presentar otro punto de vista al respecto reproducimos el enfoque señalado por Natalia Bernabeu Morón (1995: 9) quien hace coincidir los contenidos educativos de la Educación en Medios de Comunicación (EMC) con los conceptos, los procedimientos y las actitudes, según se corresponda con educar en medios, educar con medios y educar ante los medios, respectivamente:

- La educación en los medios: el currículo incluye los conceptos básicos relativos a la lectura entendida en un sentido amplio: diferentes códigos (verbales, visuales, sonoros, audiovisuales); medios de comunicación; fuentes de información y tratamiento de la misma; soportes en los que aparece la información; lugares de almacenamiento y consulta de documentos: bibliotecas, hemerotecas, fonotecas, videotecas; nuevos medios técnicos y posibilidades de uso, etc.

- La educación con los medios: el currículo insiste en la adquisición de procedimientos como la lectura crítica y comprensiva de los mensajes massmediáticos, la utilización de variadas fuentes de información y documentación, la adquisición de técnicas de trabajo científico; estrategias de recogida, selección, archivo, recuperación y transmisión de la información.

- La educación ante los medios: el currículo señala la necesidad de desarrollar determinados valores en relación con la abundancia de información que ofrece nuestra sociedad: actitudes de consumo selectivo, análisis crítico de los mensajes, contraste con la realidad, postura activa ante los medios, formación de un criterio propio y formación en valores.

Ahora bien, para el éxito de la utilización de los medios en el acto didáctico es pertinente, tal como indica el profesor catalán Joan Ferrés (1994: 57 y ss.), que: “La selección de un medio deberá hacerse, pues, en función de sus atributos específicos y de su capacidad para cumplir la tarea didáctica que el profesor le desea asignar. (...)”.

Antes de dar por finalizado este epígrafe inicial que centra su discurso en la importancia y necesidad de educar en medios con un sentir crítico (Piette 1996), compartiremos el texto suscrito por los profesores de la Universidad de Sevilla, Cabero y Romero Tena, con respecto a la educación en medios:

“La Educación en los Medios ha de ser una educación que pretenda hacer comprender qué son los medios, cómo funcionan, cómo se elaboran sus mensajes y cómo se difunden. Una educación que permita a los receptores reflexionar sobre la imagen del mundo y sobre la realidad que les es transmitida y de la que, al mismo tiempo, participan” (Cabero y Romero Tena, 2001: 131).

Sin embargo, contrarrestar los envites de los medios de comunicación y los valores que en ellos se socializan es arduo y complicado, ya que el tiempo de exposición y la actitud que mantiene la ciudadanía en general hace prever que es un tanto difícil paliarla. Entre la educación y los medios se establece un conflicto que según Vázquez Freire (2000: 56) los valores promovidos por la escuela y los transmitidos por los medios se pueden establecer a partir de un esquema dual –centrado en la dicotomía de valores, así como concepto, procedimiento y actitudes–, que sirve para iniciar un debate que preocupa a la opinión pública en general, ya que la escuela prioriza un discurso mientras que los medios (principalmente la televisión, que es la más extendida y la que la mayoría de la población suele asistir, aunque avanza, con otras características, el videojuego o Internet) inspira otras enseñanzas (Morduchowicz, 2001; García Matilla, 2003). Una preocupación que se extiende y de la cual nosotros no podemos permanecer al margen e impasibles.

En este sentido, ya no vale con mirar a otra parte –como diría Saint–Exupéry: ‘para ver claro basta con cambiar de dirección la mirada’–, pues en todo o en cualquier lugar, se refleja el sentir de los medios de comunicación de masas, algo que preocupa e intranquiliza. Las pantallas lo invaden todo y aglutinan e impulsan un modo de sentir y comportarse: atendiendo a los hechos más banales como otros con unas características más complejas a tenor de gustos, modas, comportamientos…

Educar en medios significa poder, de un lado, contribuir a un mejor conocimiento y, de otro lado, poder favorecer a la creación de una sociedad más justa, con menos manipulación y con personas más responsables (Buckingham, 2004). Con esta intención establecemos, en los apartados siguientes, un decálogo sobre los medios en la educación, abordamos el lenguaje de los medios y, por último, atendemos a la formación del profesorado en medios.

Decálogo sobre los medios en la educación

La importancia de los medios de comunicación en la educación es un aspecto incuestionable, a nuestro entender, en nuestros días. Sin embargo, debemos conocer cuáles son las funciones que éstos pueden y deben desempeñar dentro del contexto educativo para que realmente tengan sentido e intencionalidad, así como las posibilidades educativas de los mismos.

Para ello, hemos elaborado un decálogo en el que recogemos de manera gráfica diez reflexiones acerca de las posibilidades educativas de los medios de comunicación en el aula, ya que permite poner en juego algunos de los elementos más importantes que se dan cita en el escenario educativo. Estamos ante una interesante herramienta pedagógica y didáctica que ha de propiciar situaciones de enseñanza-aprendizaje. Las posibilidades educativas que otorgamos a las pantallas son:

1.- Educar en la contemporaneidad
2.- Presentarse como un activador del conocimiento
3.- Introducirse como un aliciente motivador para el saber y poner al alumnado en relación con su realidad
4.- Contemplarse como hacedores de preguntas más que como una herramienta que facilita respuestas o un recurso donde se obtengan soluciones
5.- Promover el acceso a la información y a la constatación de ésta
6.- Favorecer el manejo autónomo y crítico de la información, promoviendo el pensamiento crítico y reflexivo (describir, comparar, relacionar, clasificar, etc.) con la finalidad de que posibilite la adquisición o mejora de habilidades intelectuales para seleccionar, analizar y comprender la información y a los medios.
7.- Contribuir al aprendizaje significativo y atender a la diversidad cultural y ritmos de aprendizaje
8.- Facilitar mecanismos que permitan la integración y el diálogo teórico-práctico
9.- Incentivar la participación real (y no sólo simbólica) del estudiante en su proceso de aprendizaje. Para ello, es aconsejable que los estudiantes creen materiales producto de su acción investigativa, con el propósito que los medios active la relación entre los que enseñan y los que aprenden
10.- Presentar la posibilidad de establecer una relación interactiva con la mayoría de los componentes del currículum

Este decálogo (de posibilidades) queda completado con la aportación, en 15 puntos, que elabora el profesor sevillano Julio Cabero Almenara (2001: 289-290) a propósito de la relación que mantiene los medios de comunicación y el proceso de enseñanza-aprendizaje, sea como motivo de estudio, reflexión o análisis:

1. Los efectos que tienen en la sociedad en general y en la educación en particular.
2. La importancia que el aprendizaje mediado tiene para el ser humano, tanto a nivel cognitivo como afectivo y psicomotor.
3. El papel que desempeñan como elementos intermediarios del currículum.
4. Ofrecen respuesta a la diversidad de planes de inserción masiva de medios en los contextos instruccionales que se están produciendo.
5. La necesidad de ir elaborando un cuerpo teórico que nos ayude a comprender su funcionamiento curricular.
6. El desconocimiento actual que tenemos sobre el porqué y cómo funcionan en contextos curriculares.
7. La carencia de investigaciones que nos aporten elementos para la formación de un modelo comprensivo sobre su funcionamiento.
8. La significación que tiene como instrumento de aprendizaje.
9. La aparición de nuevos canales de comunicación respecto a los cuales desconocemos sus verdaderas potencialidades para el aprendizaje.
10. La importancia que tienen como elementos motivacionales.
11. Las interacciones simbólicas que establecen con las habilidades cognitivas de los sujetos.
12. La significación que tienen como elementos ideológicos.
13. Ser elementos claves en el proceso de comunicación educativa.
14. Ser elementos determinantes para la construcción de entornos educativos.
15. Las posibilidades que poseen para presentar informaciones a la que no podemos acceder por nuestras características fisiológicas e históricas.

En definitiva, son muchas las posibilidades educativas de los medios de comunicación en la educación y, por ello, se erigen como uno de los mejores aliados en el proceso de enseñanza-aprendizaje, siempre que éstos sean utilizados con una intencionalidad educativa y sean contemplados de manera acertada en el currículum, teniéndose presente la interrelación de todos los elementos que confluyen en el marco educativo.

Los medios en la educación requieren una disposición por parte del profesorado que ha de dominar desde el conocimiento a las posibilidades didácticas con que cuenta el medio utilizado… e, inclusive, a la disposición formal del aula o el ambiente luminoso mejor para la clase, entre otros aspectos. No obstante, el profesorado implicado ha de conocer igualmente su lenguaje, su tecnología y, como no podría ser menos, su discurso. El lenguaje es un pretexto para acercarnos a los medios y poder entrar a conocerlos y utilizarlos mejor.

El lenguaje de los medios

Quizá es obvio, o no, pensar que un primer estadio para utilizar de manera idónea los medios en el currículum es acercándose a su lenguaje. Nuestra estrategia se centra en conocer su modo de expresión y, de este modo, extraerle un ulterior aprovechamiento educativo.

El conocimiento del sistema simbólico, así como el modo de construcción a partir de la tecnología de transmisión y el mensaje transportado por el medio es una labor necesaria. Igualmente, las coordenadas psicolingüísticas en el marco de la sintaxis (orden), semántica (sentido) y pragmática (uso) se hacen imprescindibles (Brockart, 1977; Vallet, 1977; Saussure, 1980; Valle Arroyo, 1992).

El conocimiento del sistema simbólico es de suma relevancia en una sociedad mediatizada como la contemporánea, donde es difícil encontrarlo en estado puro, debido a su gran interacción con otros sistemas simbólicos. El ejercicio por interpretarlo o decodificarlo en su justa medida es una consigna a seguir, con el propósito de continuar perteneciendo y participando de la cultura del siglo XXI. A través de los diferentes sistemas simbólicos la sociedad se encuentra prácticamente mediatizada, de tal manera que nosotros mismos somos “símbolos” dentro del gran mecanismo sociopolítico de la sociedad globalizada, neoliberal y postmoderna.

Dentro de este panorama mediado y globalizado, los medios de comunicación (de masas) tienen dueño y emiten los mensajes que desean. Aglutinan y hacen que sintonicemos con ideas o pautas de consumo que nos homogenizan, como atisbara perspicazmente y con gran lucidez el cineasta italiano, Roberto Rossollini, en la década de los 70: “Pero estos medios –incluyendo a la prensa, radio, televisión y, por supuesto al cine–, no lo olvidemos, se hallan al servicio de grupos dominantes que los manejan a su antojo; para servirlos adecuadamente, necesitan del éxito a toda costa.

“(...) Los medios de comunicación moldean la opinión pública, a fin de ponerla al servicio de la voluntad imperante. Todo pensamiento que no pueda ser inmediatamente aprovechado con fines políticos, se desecha sin más” (Rossellini, 1977: 114-115).

Ante esta homogenización premeditada hace falta conocer el lenguaje de la contemporaneidad. Es necesario desprenderse de la catatonia mediática y comprender los diferentes sistemas simbólicos que generan procedimientos comunicativos y representativos. En la actualidad no es válido sólo conocer los mecanismos con que se construye la palabra escrita o transmitida, se hace necesario conocer y utilizar correctamente el lenguaje de la imagen fija, en movimiento, audiovisual, multimedia, digital, etc.

“Todos los niños que están ahora en la escuela pasarán la mayor parte de su vida adulta como ciudadanos del siglo XXI. No tenemos que retroceder sino avanzar hacia lo básico, hacia el desarrollo de las aptitudes y habilidades que todo el mundo necesita si se le quiere educar para la vida en el siglo próximo” (Masterman, 1993b: 29).

Igualmente, la importancia del conocimiento de los medios está en relación con la pirámide de la comunicación sostenida por el comunicólogo norteamericano Denis McQuail (1999: 36), quien defiende que los medios de comunicación de masas abarcan a toda la sociedad, inclusive, la escuela, además de que somos sabedores del tiempo que luego el alumnado pasa ante los medios empapándose con ellos y sin, prácticamente, ningún tipo de “defensa” u orientación.

La extensión y presencia de los medios, en cantidad y calidad, hacen que sean motivo de estudio y análisis. Con ello, desde la institución educativa se ha de tener muy presente el conocimiento del lenguaje de los medios, para conocerlo, comprenderlo y utilizarlo con propiedad. De este modo, se advierte imprescindible la alfabetización mediática.

“Todos los profesores que entiendan que la comunicación no está restringida al lenguaje hablado y escrito y a la comunicación en el aula deberían incluir en sus materias la lectura de imágenes y la “escritura” de documentos audiovisuales. La enseñanza de los medios audiovisuales debería integrarse a través del currículum, de modo que “leer” y “escribir” mensajes visuales fuera una destreza coherente, que los estudiantes considerasen tan relevante para sus vidas como la lectura y escritura del lenguaje verbal. Los medios audiovisuales ejercen una influencia sobre nuestras vidas que nos invade desde todas partes y su enseñanza debería realizarse también en todas partes” (Greenaway, 1996: 53).

La interacción de los diferentes sistemas simbólicos va más allá del canal. Ellos están en continua construcción adaptándose y adaptando las configuraciones mentales de los receptores. Más allá de las propias razones instrumentales que se le pueden otorgar a los medios, la importancia de su imbricación en la sociedad y en la educación determina la necesidad de su estudio y análisis. Es decir, ciertamente ponemos de manifiesto la importancia de promover una educación comprensiva e interpretativa, teniendo como común denominador a la educación (el marco referencial del currículum, del proceso de enseñanza-aprendizaje, etc.), a la comunicación (medios, lenguajes y discursos, etc.) y a la sociedad (mediatizada, globalizada, etc.). Tres ejes que están siendo imprescindibles en nuestro discurso: la educación, la comunicación y la sociedad.















Fuente: elaboración propia

La idea que defendemos es que en la actualidad se hace indispensable la alfabetización mediática (Babin, 1991: 13 y ss.; Mastermann, 1993a). Obviamente, por una presencia de cantidad (número de aparatos u horas frente a ellos, entre tantos otros aspectos a señalar) como de calidad de la programación… la mirada y el conocimiento de los medios se hacen necesarios, así como pretender entenderlos, expresarse con ello… e integrarlos en la enseñanza.

“Los signos y los símbolos son el vehículo del significado, y juegan un papel en la vida de la sociedad, en una parte de esta sociedad, que es la que de hecho les da vida. El significado es utilizado, o emerge, a partir de su uso. (...).
El enfoque para la comprensión supone adquirir las destrezas que permiten ir más allá del mundo tal y como estamos acostumbrados a percibirlo a través de códigos lingüísticos, signos culturales, y el poder establecido. Esta habilidad constituye un paso no sólo en el aprendizaje para enseñar, sino también en el aprendizaje para pensar, constituyendo una teoría subyacente de hacer el mundo, en la medida en la que rehacemos y renombramos nuestro mundo, damos sentido al mundo” (Hernández, 2000: 48-53).

Con estas líneas a modo de introducción a una temática emergente de gran repercusión social y educativa, hemos pretendido evidenciar la necesidad de conocer el lenguaje de los medios de comunicación, ya que éste se hace necesario para la sociedad del siglo XXI: la sociedad de la información, la comunicación y el conocimiento; debido a que la presencia de los medios dentro y fuera del aula es una realidad. Un triunvirato –insistimos– entre educación, comunicación y sociedad que se ha de conocer con propiedad (Amar, 2006b).

E, igualmente, estamos convencidos de la necesidad de estar alfabetizados en medios pero, también, hace falta saber desenvolvernos con su lenguaje. Es decir, establecemos un llamamiento para que el alumnado y el profesorado realicen experiencias con los medios no sólo como receptores sino, también, como emisores. No basta con ser sujetos que reciben mensajes mediados… hace falta presentarles cara y erigir un diálogo con los medios: a través de los medios.

La formación del profesorado en medios

El profesorado en medios debe tener clara su visión y comprensión de los medios. E, igualmente, partimos de la consideración de que la omnipresencia e influencia de los medios en nuestras vidas, de manera imperiosa, justificaría la necesidad de estudiarlos y cuestionarlos. Con ello, la propuesta que mantenemos es la pertinencia en la formación del profesorado en medios no sólo en cuanto al conocimiento del aparato sino, también, del lenguaje, discurso y tecnología, así como de las competencias, ventajas y riesgos (Cabero, 1991; Du Gay et alli, 1997). Aunque somos de la opinión que el profesorado no es el único responsable en la educación en medios (pues los padres y madres, así como los propios medios, también son co-responsables)… pero éste colectivo profesional de hombres y mujeres si ha de conocer sus competencias en esta materia en el aula.

El profesorado de la contemporaneidad debe estar formado en medios. Precisa conocerlos y ser capaz de expresarse con ellos, del mismo modo que debe saber integrarlos en la dinámica curricular (Cabero, Fernández, Barroso: 2000, 253-265). No basta con un acercamiento frívolo y epidérmico. Éste ha de verse en la necesidad de mirar más allá de lo que sería utilizarlo como agentes instruccionales y usarlos como medios propiamente que facilitan y provocan el debate sobre (a propósito de éstos con respecto a lo demás) y en (en relación con ellos mismos).

“(...). Se cae en lo que podría denominarse el fetichismo de la tecnología. Consiste en creer ingenuamente que basta que un mensaje sea vehiculado por una máquina para que resulte eficaz. Se piensa, tal vez, que si la televisión o la publicidad son seductoras es por las tecnologías a través de las que se transmiten los discursos” (Ferrés: 1998: 117).

Igualmente, el profesorado en medios ha de tener la lucidez de integrarlos en los currícula y mejorar, en la medida de sus posibilidades, la orientación de la enseñanza y el aprendizaje. La pregunta no está, en la línea que se formulara Clark (1985, 3-4) en el sentido de “¿El nuevo medio produce más rendimiento de aprendizaje que el medio antiguo o la instrucción convencional?”, sino, más bien, en que la enseñaza y el aprendizaje están en función del método y no del medio; y comprender en qué medida se favorece (en el sentido de mejorar la calidad de) la enseñanza o el aprendizaje con los medios de comunicación.

Asimismo, este ítem que hemos determinado en llamar la formación del profesorado en medios ha de pasar por la aceptación de que las diferentes situaciones de enseñanza no son unidireccionales, sino que se dan cita un sinnúmero de variables que erigen al alumnado no en un mero receptor pasivo sino en un participante activo y, ciertamente, consciente del proceso. Con ello, el medio funciona como un agente motivador y flexibiliza el ritmo de aprendizaje de cada alumnado pudiéndose adaptar a sus necesidades y peculiaridades.

Para recapitular este pensamiento reproducimos unas ideas claves expuestas por Clark y Salomon (1986: 474-475) que tienen relación con la formación en medios, ya que reflejan gran lucidez y pueden llegar a ser unas válidas orientaciones para quien las usara:

1) Las pasadas investigaciones sobre medios han puesto claramente de manifiesto que ningún medio enfatiza más el aprendizaje que otro, si no tenemos en cuenta otra serie de elementos como: las tareas de aprendizaje, los elementos simbólicos, el currículum, los contenidos o la estructuración de éstos.
2) Alguna nueva tecnología es probable que enseñe mejor que su predecesora porque posee mejores materiales instruccionales y por la novedad.
3) Las futuras investigaciones se realizarán en el contexto de las ciencias cognitivas.
4) No es cuestión de preguntarnos solamente cómo y por qué un medio opera en la instrucción y el aprendizaje, sino también por qué puede ser utilizado.

Con la pertinente formación del profesorado en medios estaremos “agiornando” la enseñanza para responder a las expectativas y necesidades que están surgiendo en la emergente sociedad de la información, la comunicación y del conocimiento. Dicho de otra forma, la adquisición de esta formación en el profesorado permitirá proyectar la sensibilidad y el espíritu crítico necesario para formar parte y contribuir a la preparación de “los alumnos para comprender y participar en la complejidad y el dinamismo del mundo que les ha tocado vivir, dando sentido a las adquisiciones y desarrollando actitudes adecuadas” (Montero, 1999: 125).

Tal vez, la calidad docente ha de pasar por la inversión por parte de las instituciones responsables en formación del profesorado. Es preciso que el docente tenga presente que existen diferentes procesos de enseñanza-aprendizaje (con herramientas mediáticas), además de activarlo como hacedor del proceso y del currículum, atendiéndose a sus competencias inmejorables como conocedor del contexto en que se desenvuelve.

La formación permanente del profesorado en medios pasa por la adquisición de conocimientos y estrategias (técnicas, didácticas y comunicativas) para usarlos en clase, así como en el desarrollo de capacidades y destrezas psicodidácticas en cuanto a la decisión o evaluación del proceso, o bien en el quehacer práctico creando sus propios recursos con un enfoque crítico (Bautista, 1998: 111-128; Amar, 2006a: 79-87), pues la pasividad en la escuela es un procedimiento anclada al pasado y no responde a las necesidad del siglo XXI inspirado en el “hecho” de aprender a aprender...

“Consideramos que el uso crítico de los medios debe ser entendido como la utilización que hacen de los mismos los profesores que asumen la función de intelectuales críticos y transformativos. Este tipo de uso contempla los recursos como herramientas de investigación y, como tal, la utilización de los mismos lleva implícita un análisis” (Bautista, 1994: 52).

A todas luces, la formación del docente en medios conlleva la posibilidad inherente de que éste pueda acceder a la formación permanentemente. O sea, al perfeccionamiento y actualización en materia de contenidos y de didáctica. Pero la preocupación estriba sobre la necesidad de un plan de formación a tenor de la importancia y repercusión de los medios en la sociedad, en la enseñanza-aprendizaje, etc. No vale con dejarla al libre albedrío de los diferentes profesionales de la educación, es preciso “establecer planes de formación de acuerdo con criterios diferentes, pero en cualquier caso es necesario la existencia de un plan de formación” (Martínez, 1995: 336).

Simplemente para dar por finalizado, o al menos en parte, estas líneas de invitación a reflexionar al respecto de “la formación del profesorado en medios”, cabría parafrasear a Taddei (1979: 16), quien con espíritu precursor escribió: “No es, ciertamente, un lujo o un “estar al día”, es una imprescindible necesidad para hacernos entender, para poder, simplemente, comunicarnos con nuestros educandos”. Unas líneas que apenas necesitan comentario, ya que recogen parte del ánimo del presente artículo “Educar en medios: educar para las pantallas”. E, igualmente, mantiene el propósito de haber contribuido a optimizar su utilización por parte del profesorado (pensando en el alumnado del siglo XXI) que continúa siendo parte fundamental de nuestro ideario.

El docente ha de erigirse como dinamizador del proceso de enseñanza-aprendizaje y debe contar con apoyo, en el amplio sentido del término, y que no sea su mayor preocupación “hacer funcionar correctamente el vídeo y el ordenador” (Gispert, 1997: 83). Educar en el siglo XXI ha de tener presente educar en medios… y ahí la comunidad socioeducativa, además de las pantallas, tienen mucho que decir.

Referencias

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http://cadiz.cuadernosciudadanos.net/victoramar/2007/04/21/educar-en-medios-educar-para-las-pantallas/
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Comentarios:

  • 1. Hola,
    les dejo este texto escrito por mi... para incentivar el debate sobre la educación en medios. Animarse a participar del debete...

    Publicado por: Víctor Amar | 21/04/2007 21:31:56

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